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domingo, 9 de julio de 2017

NÚMEROS ROMANOS

La numeración romana utiliza 7 letras mayúsculas, y cada una de esas letras representa un valor:

  • I equivale al 1
  • V equivale al 5
  • X equivale al 10
  • L equivale a 50
  • C equivale a 100
  • D equivale a 500
  • M equivale a 1000

Combinando esas 7 letras se puede formar cualquier número EXCEPTO el cero, por lo que no existe ningún símbolo que lo represente en la numeración romana (el cero fue introducido posteriormente por los árabes).
Ejemplos de números romanos:
  • El 3 es III
  • El 4 es IV
  • El 16 es XVI
  • El 40 es XL
  • El 90 es XC
  • El 3999 es MMMCMXCIX
¿Cuáles son las reglas para escribir y leer los números romanos?

  • La "I" colocada delante de la "V" o la "X", resta 1.  
    • Ejemplos: IV = 4; IX = 9
  • La "X", colocada delante de la "L" o a la "C", resta 10.  
    • Ejemplos: XL = 40; XC = 90
  • La "C", colocada delante de la "D" o la "M", resta 100.  
    • Ejemplos: CD = 400; CM = 900
  • No se puede repetir una misma letra más de tres veces seguidas. Las únicas letras que pueden repetirse hasta tres veces son la "I", la "X", la "C" y la "M". 
    • Ejemplos: III = 3; IV = 4; MMMIII = 3003; MMMIV = 3004
  • A continuación de una "V", la "L" y la "D" no puede ponerse otra letra igual. Esto es así porque otras letras (la "X", la "C"y la "M") ya representan su valor duplicado.  
    • Ejemplos: 
      • Para escribir 100, la forma correcta de hacerlo es poner una "C" (equivale a 100). Es erróneo poner "LL", ya que la "C" ya representa el valor 100. 
      • Si queremos escribir 10, lo correcto es poner "X" y no "VV". 
      • Y si queremos escribir 1000 lo correcto es poner "M" y no "DD".
  • Si a la derecha de la letra de un numero romano se escribe otra letra de igual o menor valor, el valor de ésta se suma a la anterior. 
    • Ejemplos: VI = 6; VII = 7; XI = 11; XVI = 16
  • Si entre dos letras de un numero romano existe otra letra de menor valor, el valor de ésta se resta al de la siguiente letra.  
    • Ejemplos: XIV = 14; MCM = 1900
  • El valor de los números romanos queda multiplicado por mil tantas veces como rayas horizontales se coloquen encima de ellos.

miércoles, 1 de junio de 2016

TESTACCIO: DE LAS ÁFORAS A LOS BARRILES

La recogida selectiva de residuos comenzó en Roma, prueba de ello es el monte Testaccio, una colina artificial de una altura de 50 metros y una base de 22.000 metros cuadrados construida con los restos de 25 millones de ánforas en las que se transportaba el aceite de oliva desde Hispania hasta la urbe.
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Detalle del suelo del Monte Testaccio, en la actualidad cubierto de vegetación. La mayor parte de estas ánforas provenían de la provincia hispánica Bética y se utilizaban para almacenar aceite de oliva. Autor: Steve browne & John Verkleir
La producción de las ánforas era sencilla, las asas ayudaban en su manejo y eran fáciles de transportar en los barcos -las bodegas se cubrían con arena y en ella se enterraban parcialmente la parte cónica inferior-. Así que, en Grecia y Roma se convirtieron en los recipientes habituales para el transporte de los líquidos más preciados: vino y aceite de oliva. Entonces, ¿por qué y cuándo los romanos dejaron a un lado las ánforas de barro y adoptaron los barriles de roble?
Si para el transporte naval las ánforas eran el recipiente adecuado, para el transporte terrestre su forma no facilitaba el traslado en carros. Sería a mediados del siglo I a.C. cuando la República romana sometió la Galia, y los invasores conocieron la forma en la que los galos almacenaban y transportaban la cerveza… en barriles de roble. Las legiones romanas fueron las primeras en adoptar las barricas de roble para transportar el vino que les acompañaba en sus múltiples expediciones de conquista, abandonando las incómodas ánforas.
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Ánforas romanas. Museo Vivanco de la Cultura del Vino. Briones, España.
Aunque hoy en día el uso del roble francés o americano para el envejecimiento de los vinos es lo habitual por las características y particularidades de la madera, en esta época la elección del roble no tenía que ver con los métodos de elaboración y crianza sino con la abundancia de estos árboles en Europa y porque su madera se puede doblar relativamente fácil para construir los barriles.
Siguiendo el ejemplo del ejército, los comerciantes de Roma adoptaron rápidamente los barriles de madera en lugar de ánforas: eran más resistentes que la arcilla, pesaban menos y se podían mover con menos esfuerzo haciéndolos rodar. Además, a diferencia de la arcilla, los barriles de madera permiten la oxidación y aportan sabores, olores y matices. De esta forma, comprobaron que los vinos enviados a largas distancias en los barriles de roble mejoraban cuando llegaban a su destino.
Así que, si los barriles de roble comenzaron a utilizarse por la facilidad en el transporte y por la cantidad de la madera, hoy tienen que ver con el olor y el sabor que aportan al vino.

DELPUERTO DE OSTIA AL PUERTO DE TRAJANO

El antiguo puerto imperial de Roma vuelve a mostrar sus restos arqueológicos

Los restos arqueológicos del puerto imperial de Claudio y Trajano, que fue el mayor del Mediterráneo y consolidó el poder de Roma en la Antigüedad, acaban de reabrirse al público y estarán accesibles este año durante seis meses.
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Fuente: EFE  |  LA VANGUARDIA
Roma, 26 abr.- Fue el centro de operaciones más importante del mundo antiguo durante casi medio milenio pero hoy solo quedan restos de sus almacenes y dársenas que apenas permiten imaginar el bullicio de antaño, cuando se intercambiaban millones de ánforas de aceite de Andalucía o barricas de cereal egipcio.
Hace casi dos mil años era el lugar por el que transitaban personas y mercancías, procedentes de los confines del mundo conocido, para abastecer a todo el Imperio de vino, tejidos, metales para la construcción o también animales salvajes para los espectáculos de circo.
Además, servía como base defensiva para los navíos del ejército romano y como punto de partida de las campañas militares.
Estaba conectado al Tíber a través de un complejo sistema de canales que conseguían salvar el inconveniente de que el Mediterráneo es un mar que fundamentalmente se navegaba en verano y el río merma considerablemente su caudal en esa época.
Las mercancías llegaban al puerto y se reservaban en los almacenes, la parte que mejor se conserva, hasta que pasaban a embarcaciones menores que las distribuían al interior del imperio a través del río.
Estos locales han ayudado a dar testimonio de un sistema de medición y reparto de la mercancía.
A través de patios y pasillos, de los que aún se mantienen los cimientos, los productos se repartían en función de su destino y se computaban utilizando antiguos sistemas de medición: por ejemplo las ánforas para los líquidos, lo que permitía llevar un cálculo de las transacciones.
El puerto imperial es hoy “una de las piezas fundamentales para reconstruir la historia económica del imperio romano”, relata a Efe el arqueólogo responsable del proyecto de conservación del puerto, Renato Sebastiani.
El experto explica a Efe que uno de los objetivos es darlo a conocer tanto a visitantes italianos como a turistas extranjeros y para ello el aeropuerto de Fiumicino, cercano al lugar, ha habilitado un sistema de autobuses gratuitos hasta el parque arqueológico.
Comprender hoy el funcionamiento y las estructuras de este gran fondeadero requiere un ejercicio de imaginación, como en tantas obras de la Roma antigua.
Donde antes estaba el mar, ahora hay un inmenso parque colmado de eucaliptos, pinos y encinas ya que, a causa de la sedimentación, la línea de costa ha ganado unos cuatro kilómetros al agua; la zona fue recalificada y finalmente convertida en parque natural en las primeras décadas del siglo XX.
Aún se pueden percibir las marcas del salitre en los restos de los muros y el agua todavía emerge en algunas zonas cercanas a las antiguas dársenas.
También se adivinan los muelles de embarque, de los que se mantienen varios tramos de escaleras o las bitas para amarrar los barcos.
La historia del complejo portuario comienza en torno al 100 d.C., cuando la elevada población de Roma, cercana al millón y medio de habitantes, el equivalente a una concentración de 50 millones de personas en la época actual, exigía una infraestructura que pudiera garantizar el abastecimiento.
Sin el puerto imperial, “Roma no habría podido existir”, asegura a Efe el arqueólogo responsable del puerto de Claudio y Trajano.
Mientras que en el anterior puerto de Ostia solo podían atracar dos naves, en el nuevo complejo de Trajano podían hacerlo 200 embarcaciones.
Su cuenca hexagonal de 32 hectáreas lo convirtió en el centro de intercambios “más grande del mundo antiguo”, según el arqueólogo.
Ahora ese espacio es un enorme lago artificial pero que mantiene su forma regular de seis lados, sin precedentes en la antigüedad, más perceptible desde el aire o sobre los mapas que se pueden encontrar fácilmente en internet.
El acondicionamiento y la reapertura del sitio se está llevando a cabo gracias a la financiación de entes públicos y mecenas privados, como por otro lado ocurre en muchos bienes del patrimonio cultural romano como la reciente restauración de la Fontana di Trevi o el Coliseo romanos.
La fundación Benetton y el consorcio Aeropuertos de Roma participan en el proyecto de reacondicionamiento del puerto imperial de Claudio y Trajano.

"Made in Roma"

El antiguo sistema de sellos "Made in Roma" fue el que dio origen a la cultura global del comercio


Fuente: lacapital.com.ar | 15 de mayo de 2016
Los antiguos romanos idearon el "Hecho en Roma", un sistema de sellos que marcaba el origen y la calidad de las mercancías, incluso de los esclavos, y que les permitió proteger tanto la propia cultura como el comercio.
   
Con una exposición, que lleva el título "Made in Roma", abierta al público ayer en los imponentes Mercados de Trajano, en el corazón de Roma, se narra gracias a certificados, marcas, sellos y placas, el nacimiento de ese concepto, clave en la era de la globalización.

   

Más de 150 objetos, entre ellos ánforas, tejidos, vasos, platos, sellos, así como firmas, como la de Praxíteles, provenientes de museos romanos e internacionales, narran el "complejo sistema de identificación y reproducción" de objetos simbólicos para el Imperio romano, sobre todo bajo el largo gobierno de Augusto, el primer emperador.

   
"Queremos enseñar la historia a través de las pequeñas cosas", reconoció el superintendente para los Bienes Culturales de Roma, Claudio Parisi Presicce.
   
Una sección ha sido dedicada a 50 tiendas que ofrecen una valiosa información sobre el trabajo de las mujeres durante la antigüedad.


"El protagonista de la exposición es la marca y no sólo la de los objetos, también la marca del hombre sobre el hombre", explicó el comisario de la muestra, Simone Pastor.
   
En la antigüedad, no había una ley de derechos de autor, aunque los productos podían ser "reconocidos" por la marca que llevaban, explicó el experto.
   
Se trata pues de marcas, sellos y firmas que certificaban el nivel de perfección, su calidad, como puede ocurrir hoy en día con el "Made in Italy", sostiene Parisi Presicce.

   
Sorprende la marca que llevaban los esclavos, los cuales eran vendidos en subasta pública o, a veces en las tiendas, o por venta privada. Junto a cada esclavo iba colgado para la venta un tipo de placa que describía su origen, la salud, carácter, inteligencia, educación, toda la información para los compradores.
   
A lo largo del recorrido se aprecia el nacimiento de una especie de empresa "preindustrial", en el que, gracias a la "Pax Romana" de Augusto, se desarrolla un sistema productivo y comercial de gran escala, con tiendas, empresas, corporaciones, artesanos, un transporte complejo y códigos de identificación comunes en todo el Mediterráneo.
   
"Made in Roma significaba para pueblos que no se conocían entre ellos que formaban parte de una tradición común", explicó Pastor.


  
Además de objetos de la vida diaria, como las ánforas para contener aceite, vino, pescado macerado, que se vendían en todo el imperio, se marcaban objetos particulares.
   
Entre ellos los proyectiles de plomo o de terracota, utilizados por los dueños de jabalinas sobre los cuales los arqueólogos encontraron insultos dirigidos por un ejército a otro. "¡Que te caiga encima, Antonio!", se podía leer en uno de ellos, usado durante la Guerra Civil (32-30 AC) entre las flotas de Augusto y de Marco Antonio y su aliada Cleopatra, batalla que saldó la victoria de Augusto.
   
Una marca que no pasa desapercibida es la de los condenados por "infamia" ni el collar con una placa en la que se lee "tenemene fucia et revo cameadomnum et viventium in aracallisti", traducido como "deténganme si escapo y devuélvanme a mi dueño" (abajo).

lunes, 16 de mayo de 2016

COMERCIO EN EL IMPERIO ROMANO

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domingo, 10 de mayo de 2015

DESCUBRIMIENTO DE MONEDAS

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martes, 27 de enero de 2015

LOS NÚMEROS ROMANOS


Es un sistema de numeración que usa letras mayúsculas a las que se ha asignado un valor numérico. Este tipo de numeración por las dificultades de lectura y escritura que presenta se usa en la actualidad casi exclusivamente
  • En los números de capítulos y tomos de una obra.
  • En los actos y escenas de una obra de teatro.
  • En los nombres de papas, reyes y emperadores.
  • En la designación de congresos, olimpiadas, asambleas, certámenes...
Reglas:

1. La numeración romana utiliza siete letras mayúsculas a las que corresponden los siguientes valores:

LetrasIVXLCDM
Valores1510501005001.000

2. Si a la derecha de una cifra romana de escribe otra igual o menor, el valor de ésta se suma a la anterior.

LetrasVIXXLXII
Valores62062

3. Si a la izquierda de una cifra romana de escribe otra menor, el valor de ésta se resta de la anterior.
  • "I", colocada delante de la "V" o la "X", les resta una unidad
  • "X", precediendo a la "L" o a la "C", les resta diez unidades
  • "C", delante de la "D" o la "M", les resta cien unidades
4. En ningún número se puede poner una misma letra más de tres veces seguidas. En la antigüedad se ve a veces la "I" o la "X" hasta cuatro veces seguidas.

5. La "V", la "L" y la "D" no pueden duplicarse porque otras letras ("X", "C", "M") representan su valor duplicado.

6. Si entre dos cifras cualesquiera existe otra menor, ésta restará su valor a la siguiente.

LetrasLIVXIXCXXIX
Valores1954129

7. El valor de los números romanos queda multiplicado por mil tantas veces como rayas horizontales se coloquen encima de los mismos.

Algunos números romanos:

1 = I2= II3 = III4 = IV5 = V6 = VI
7= VII8 = VIII9 = IX10 = X11 = XI12 =XII
13 = XIII14 = XIV15 = XV16 = XVI17 =XVII18 = XVIII
19 = XIX20 = XX21 = XXI29 =XXIX30 = XXX31 = XXXI
39 = XXXIX40 = XL50= L51 = LI59 = LIX60 = LX
61 = LXI68 = LXVIII69 = LXIX70= LXX71 = LXXI74 = LXXIV
75 = LXXV77 = LXXVII78 = LXXVIII79 = LXXIX80= LXXX81 = LXXXI
88 =LXXXVIII89 = LXXXIX90 = XC91 = XCI99 = XCIX100= C
101 = CI109 = CIX114 = CXIV149 = CXLIX399= CCCXCIX400 = CD
444 =CDXLIV445 = CDXLV449 = CDXLIX450 = CDL899 = DCCCXCIX900 = CM
989 = CMLXXXIX990 = CMXC999 = CMXCIX1.000= M1.010 = MX 1.050 = ML

domingo, 4 de enero de 2015

AQUA ROMANORUM

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Instantánea del gran sifón de Patara (Turquía), con tubería de piedra. Foto: Isaac Moreno
El arte de nivelar las aguas y conducirlas con éxito hasta su destino es uno de los más difíciles y bonitos de cuantas disciplinas forman parte de la ingeniería civil. Los ingenieros romanos resolvieron admirablemente el problema y fueron capaces de conducir el agua mediante canales de escasa pendiente, por terrenos de orografía difícil, salvando obstáculos y haciendo que la obra fuera duradera por sus propias características de diseño.
La ingeniería romana dominaba con soltura las distintas tipologías de transporte del agua: sabían elegir canalizaciones de agua rodada (aquella que es conducida por su propio peso gracias a la fuerza de la gravedad) o, en caso contrario, recurrir a soluciones de conducción forzada (aquella en la que el agua discurre a presión, en conducto cerrado).
Su maestría era tal que los métodos y las obras romanas sirvieron de referencia y escuela para la ingeniería del mundo moderno.
Canales siempre “a cubierto”
Los canales de agua potable debían ser subterráneos o estar cubiertos en su totalidad: así se mantenía el frescor y la calidad del agua. Incluso en las partes elevadas, sobre muros o sobre arquerías, el canal estaba siempre cubierto. Así lo indicó expresamente Vitruvio (VIII, 6): “En los canales, su obra de albañilería debe ser abovedada, con el fin de proteger el agua de los rayos solares”.
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Canal excavado en la roca. Ciudad romana de Termes (Soria). Foto: Isaac Moreno
La velocidad del agua en los canales depende directamente de la pendiente del fondo: a mayor pendiente, mayor velocidad. Los romanos eran capaces de manejar pendientes extraordinariamente pequeñas pero, sin embargo, totalmente adecuadas. Las más frecuentes tenían unos 20 centímetros de caída por cada kilómetro. De hecho, canales como el de Nimes (Francia), con 52 km de longitud, apenas la supera y mantiene pendientes menores en gran parte de su recorrido.
Los canales romanos solían estar excavados en la roca pero, cuando se excavaban en la tierra, se revestían con cajeros de fábrica de sillería (opus vittatum), o de hormigón (opus caementicium), en cuyo caso se revestían de mortero impermeabilizante, compuesto de cal, arena, y cerámica molida (opus signinum).
Trabajos de mantenimiento
A pesar de la calidad de la obra, los acueductos y canales necesitaban labores de mantenimiento. Sin embargo, éstas sólo se producían cuando la administración romana estaba vigente. En algunos de los acueductos de Roma se conocen labores de repicado de toda la concreción calcárea, con el objetivo de liberar el canal y permitir de nuevo el paso del agua.
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Arquerías reforzadas con estructura interior de ladrillo, en el acueducto del Aqua Claudia. Foto: Isaac Moreno
Las arquerías, casi siempre situadas en los tramos finales de las canalizaciones romanas, eran las más difíciles de mantener. Su fragilidad, comparada con las conducciones subterráneas, era evidente y de este aspecto da fe el propio Frontino en sus textos. Sin embargo, algunas de estas arquerías acabaron soportando el paso de dos (¡y hasta de tres!) canalizaciones superpuestas.
Maestros del la longitud
El control geométrico que el ingeniero romano disponía de estos canales subterráneos era casi total. Hoy mismo sería de gran dificultad el replanteo de galerías estrechas de varios kilómetros de longitud. Pero, en el mundo romano, se sabe de la existencia de varias de ellas: el canal de Albarracín a Cella (Teruel), tiene una galería de 5 kilómetros de longitud; el acueducto de Aix-en-Provence (Francia) tiene unos 7 kilómetros de longitud y pozos de 80 metros de altura y se sospecha que el de Bolonia (Italia) tiene hasta unos 20 kilómetros de túnel ininterrumpido. Finalmente, hace pocos años el profesor de Hidromecánica de la Universidad de Darmstadt, Matthias Döring, descubrió que el acueducto de Gadara (Jordania) estaba formado por un túnel de 106 kilómetros. Prácticamente todo el acueducto es una galería ininterrumpida.
Muchos de estos canales son hoy desconocidos, pero está constatado que estas proezas también se realizaron en el mundo de la minería.
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Trinchera excavada en roca en el acueducto de Chelva (Valencia). Al fondo, un tramo en galería. Foto: Isaac Moreno
Las arquerías como objeto “publicitario”
Desenvolverse con precisión a ese nivel del subsuelo reviste mucha mayor dificultad técnica, sobre todo de replanteo topográfico, que la construcción de muchas de las vistosas arquerías que daban soporte a las canalizaciones aéreas. Bien es cierto que, algunas de las grandes arquerías que aún se conservan, constituyen obras impresionantes de arquitectura. Pero no son pocas las que presentan un carácter excesivo para el cometido encomendado.
Y es que, realmente, eran un objeto publicitario, porque con ellas podía impresionarse a la población fácilmente, como aún hoy ocurre, pero esto no era posible con las grandes galerías subterráneas, realizaciones técnicas que de nuevo permanecen desconocidas o poco valoradas.
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Trozo de canal, aún abovedado, conservado sobre las arquerías del acueducto de Forum Jvlii. Frèjus (Francia). Foto: Isaac Moreno
Técnicas para el abastecimiento de las ciudades
Por lo que hoy sabemos de las ciudades romanas, muy pocas tuvieron toda la conducción de su abastecimiento de agua rodada. Por tanto, tenían que recurrir en alguna ocasión al sifonamiento.
Los sifones se resolvían siempre mediante tubería o grupos de tuberías. Disponían de fábricas específicas para la sujeción al terreno de las tuberías, si así lo requería la presión que debían soportar (altura de agua). Estos elementos técnicos, en contra de lo que habitualmente se piensa, fueron muy habituales en el abastecimiento de las ciudades, y en muchos casos con magnitudes espectaculares.
Al final de la conducción se encontraban los depósitos de decantación. En contra de lo que se cree comúnmente, parece demostrarse ahora que, en el mundo romano, no se almacenaba el agua. Estos inmensos depósitos no eran almacenes, si no que su misión era, simplemente, decantar y depurar de sólidos el agua.
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Tubería de plomo romana. Museo del Arlés Antiguo. Foto: Isaac Moreno
La regulación de los caudales prácticamente no existía en la mayoría de los abastecimientos de agua potable a las poblaciones romanas. El agua que se captaba de los manantiales, llegaba al decantador, quedaba limpia y salía de él, se distribuía por tubería, y se desaguaba finalmente a través de las fuentes y de los puntos de consumo, llegando finalmente hasta los sistemas de cloacas.
¿Tuberías insalubres?
Respecto al mito tan manido sobre la toxicidad de las tuberías de plomo y su influencia en la salud de la población romana, cabe apuntar que las tuberías de plomo son sólo relativamente tóxicas parta la salud de la población. Es mucho más pernicioso no tener agua potable. Los romanos sabían perfectamente esto. Vitruvio VIII, 7: “El agua es más sana conducida por tubuli (cerámica) que por fistulae (plomo). La razón es que el plomo la contamina porque de él sale el albayalde, que parece nocivo para la salud“. Las condiciones de temperatura y de ausencia de oxígeno en las tuberías romanas reducían este problema hasta hacerlo desaparecer.

martes, 30 de septiembre de 2014

MECENAS. ORIGEN DE LA PALABRA

Gracias a su amistad con Augusto, Cayo Mecenas se convirtió en uno de los hombres más poderosos de Roma y amasó una gran fortuna con la que patrocinó a los literatos de la época.
Persona que patrocina las artes y las letras»: así define el Diccionario de la Real Academia Española el término «mecenas», en referencia a los individuos que dedican parte de sus riquezas a financiar obras culturales diversas, sea un museo, una ópera o un premio artístico o literario. El término procede, como también indica el Diccionario de la Academia, de un personaje de la historia romana que patrocinó con sus riquezas y su influencia a los grandes literatos de la Roma de aquellos años, como Horacio, Virgilio o Propercio. Sin su ayuda, es posible que alguno de los versos más bellos de la literatura universal no hubieran visto la luz. Pero el primer Mecenas de la historia no fue sólo un protector de las artes. Amigo y consejero de Augusto, fue uno de los hombres más poderosos del reinado del primer emperador de Roma. Al servicio de Octavio Cayo Mecenas nació probablemente en Arretium (Arezzo), una localidad etrusca del centro de Italia. Se decía que tenía sangre real, como descendiente de los monarcas etruscos de la ciudad a través de la familia de su madre, los Cilnios. Horacio, por ello, lo llamaba «Mecenas, nacido de reyes antiguos, mi dulce baluarte y honor».
 
 Sin embargo, Mecenas perteneció siempre al orden de los caballeros, inferior al de los senadores, y nunca quiso incorporarse al Senado, algo que habría estado a su alcance en cualquier momento gracias a su estrecha relación con Octavio. Aunque era unos años mayor, Mecenas fue un amigo de primera hora de Octavio, sobrino de Julio César. A la muerte de éste, en 44 a.C., se le unió de inmediato en su lucha por hacerse con el poder. A lo largo del triunvirato que Octavio formó con Marco Antonio y Marco Emilio Lépido (43-33 a. C.), Mecenas realizó importantes gestiones diplomáticas al servicio de su amigo. En 40 a.C. arregló su matrimonio con Escribonia, pariente de Sexto Pompeyo (hijo de Pompeyo el Grande), con la intención de cimentar una alianza entre Octavio y el almirante republicano que evitara una guerra civil con éste y le diera ventaja sobre los otros triunviros. El matrimonio, desde luego, no fue feliz, pero sí dio a Octavio su única descendencia, Julia, cuyos nietos y bisnietos gobernarían el Imperio durante el siguiente siglo. Tres años más tarde marchó a Tarento como enviado personal de Octavio, y allí suscribió un tratado en el que se acordaba un nuevo reparto de las áreas de influencia entre éste y Marco Antonio que dejó a Lépido prácticamente fuera de juego. En 36 a.C., la paz con Sexto Pompeyo fracasó y Octavio marchó a Sicilia a combatirlo. Mecenas permaneció en Roma investido del máximo poder en la ciudad y en Italia. También participó, como mano derecha de Octavio, en la campaña militar que culminaría en la batalla de Actium, que representó la victoria definitiva de aquel sobre Marco Antonio. Tras la contienda, Mecenas persiguió de forma implacable a los opositores del nuevo hombre fuerte de Roma. En el año 30 a.C., por ejemplo, sofocó rápidamente una conspiración para asesinar a Augusto haciendo que se suicidaran su cabecilla, Lépido el Joven (hijo del antiguo triunviro), y su esposa. El perfecto sibarita Las ocupaciones políticas, sin embargo, nunca absorbieron totalmente a Mecenas. Muy al contrario, el influyente ministro de Augusto era conocido entre sus contemporáneos por su tren de vida derrochador y su afición ilimitada por los placeres y los refinamientos. De hecho, muchos consideraban estos gustos como un signo de molicie y afeminamiento, diciendo que podía «superar a una mujer en su dedicación a la indolencia y el lujo». Llamaba la atención su modo de vestir, su manera de ceñirse la túnica sobre las rodillas dejando que pendiera suelta hasta los talones como las enaguas de una mujer; o el modo que tenía de mantener la cabeza cubierta con su manto o pallium cuando presidía un tribunal. Ese supuesto amaneramiento se traslucía en el estilo recargado de los poemas que compuso, de los que se conservan algunos fragmentos.
 
 Por esta razón, el propio Octavio se burló de él en una carta transmitida por Macrobio, en la que lo llamaba «ébano de Medulia, marfil de Etruria, hinojo de Arretium, diamante del Adriático, perla del Tíber, esmeralda de Cilnia, jaspe de Iguvium, berilo de Persenna, granate de Italia», haciendo alusión asimismo al gusto de Mecenas por las piedras preciosas. Inmensamente rico, Mecenas se hizo construir una gran residencia en el monte Esquilino, rodeada por los célebres Jardines de Mecenas de los que hoy se conservan aún algunos restos, aunque en absoluto dan una idea del esplendor de esa propiedad, que después pasaría a ser la residencia de Tiberio, el sucesor de Augusto, tras la vuelta de su exilio en Rodas. Allí celebraba espléndidos banquetes con manjares exquisitos que puso de moda en Roma, como la carne de monos jóvenes. Se decía que le gustaba conciliar el sueño al son de música lejana tocada por músicos escondidos entre los setos. Era, en suma, un auténtico sibarita, en marcado contraste con el carácter del otro consejero principal de Augusto, su yerno Marco Agripa, hombre de carácter más bien sencillo y con vocación militar, aunque también fue un notable coleccionista de arte. Aficionado a la música, el teatro –en particular los mimos– y también a la poesía, Mecenas se rodeó de los principales escritores de Roma, como Virgilio, Horacio y Propercio. Sin duda, ello se debía a su propia sensibilidad literaria, pero había también otras razones. Mecenas se había dado cuenta de que un simple poeta como Catulo había perjudicado seriamente la imagen de Julio César con acusaciones maliciosas como la de ser amante de un tal Mamurra, uno de sus oficiales de intendencia. Para impedir que Octavio sufriera los mismos ataques, Mecenas decidió atraerse a los poetas más destacados de su generación y convencerlos de que cantaran las alabanzas del fundador del Imperio. Un patrón poco exigente Algunos a veces se resistían a desempeñar el papel de poeta oficial, como Horacio, que en una oda se quejaba de que lo suyo era la poesía amatoria, no adular a Octavio: «La Musa quiere que yo celebre los dulces cantos de mi ama Licimnia…». Virgilio, en cambio, se mostró más dispuesto a jugar ese papel; su Eneida se planteó como un poema laudatorio de los antepasados de Augusto, a modo de «premonición» de la obra de éste como fundador y pacificador del Imperio.
 
 Para atraer a todos estos poetas, Mecenas organizaba irresistibles banquetes y orgías, y les ofrecía influencia, dinero y favores. Esto no significa que los literatos se dejaron comprar sin más; Horacio, por ejemplo, aceptó una modesta hacienda en la región de Sabina, pero en sus poemas declara que no aceptó prebendas o cargos públicos ni encargos de cantar las glorias de Augusto. En cuanto a Virgilio y Propercio, no puede decirse que alabaran en exceso al nuevo emperador. Tras la proclamación de Octavio como emperador, con el nombre de Augusto, en el año 27 a.C., Mecenas siguió desempeñando un papel prominente en la corte, pero en un segundo plano frente a Agripa, quien llegó a ser considerado como el sucesor de Augusto. Con el tiempo, las relaciones con el emperador se enfriaron por causas difíciles de determinar; quizá fue el affaire de Augusto con la esposa de Mecenas, Terencia, o bien la intercesión del consejero para librar a su cuñado Terencio Varrón Murena de una acusación por traición. Al final, Mecenas se retiró a su palacio del Esquilino, donde se dedicó a sus libros y a sus artistas. Como no tenía descendencia, en su testamento legó toda su fortuna a Augusto, su protector y el hombre por quien tanto había hecho en vida y ante la posteridad.

miércoles, 30 de mayo de 2012

MONEDAS ROMANAS