Una de las visitas más interesantes, algo que parecería programado por alguna de esas estúpidas leyes de Murphy, fue una de las que teóricamente nunca hubiese podido hacer... Hablamos de la ciudad de Ostia Antica la cual, a unos 30 kilómetros de la Capital Imperial, constituyó el puerto por el que llegaron cuantas mercancías fueron necesarias para mantener las necesidades del cerca del millón de almas que residían en Roma... La visita al yacimiento de Ostia me pareció extraordinaria y solo por cuanto enseñan, que ya resulta del máximo interés; imaginaos además todo aquello que guardan, en un intento de custodiar y/o de rehabilitar. Mucho me costó fotografiar estas imágenes de las paredes de las letrinas de sus Termas de los Siete Sabios, por cuanto son instalaciones cerradas al público... Yo las había conocido por casualidad, fruto de un proceso de documentación previo a mi viaje...
Hube de dirigirme a un par de arqueólogos/restauradores que allí se encontraban y presentarme como un médico español, muy inclinado hacia la Gastroenterología, suplicándoles que me permitiesen verlas y fotografiarlas durante un solo minuto. Tuve suerte...! En las paredes de estas letrinas se representa a los siete sabios de la antigüedad, que dan nombre a las termas, sentenciando frases escatológicas sobre la defecación y las flatulencias. La primera foto corresponde a algunas de estas frases: a la derecha Thales de Mileto afirma "Durum cacantes monuit ut nitant Thales", que en román paladino viene a significar que "Thales recomienda que las personas que defecan con dificultad han de esforzarse"...
Otra frase, la más simpática, sentencia: "Amice fugit te proverbium: bene caca et irrima médicos"... lo que viene a ser más o menos: "Amigo, no conoces el refrán?: caga bién y... que les den a los médicos!"
Y la última que mencionaré y que parece salir de la boca del sabio Chillon: "Vissi retacite Chillon docuit subdolus" se traduciría por "Fue el listo de Chillón el que enseñó a la gente a tirarse pedos sin hacer ruido".
Esta visita me cautivó desde su graciosa grosería, recordándome algunos dichos populares de antaño, como uno que parecía gustar particularmente a mi abuelo, quien afirmaba desde su formación de extremeño rural aquello de: "El que pee fuerte y mea claro no necesita ni médico ni cirujano"...
En fin: vuelvo a pensar que los clásicos ya lo habían inventado todo, hasta los soeces graffitis de las paredes de los cuartos de baño...
El agua que llegaba a la ciudad de Roma a través de los acueductos se almacenaba en grandes depósitos desde donde se distribuía a las panaderías, las casas, los baños… El agua sobrante de estos usos prioritarios terminaba en la red de alcantarillado: la Cloaca Máxima. Iniciada su construcción en el siglo VI a.C. por el rey Tarquinio y ampliada en varias ocasiones en siglos posteriores, recogía las aguas fecales de las casas -lógicamente, esta red no cubría toda Roma y mucho menos las zonas de las clases bajas- y de las letrinas públicas (latrinae publicae) para llevarlas hasta el río Tíber. El problema era cuando las aguas residuales volvían a su origen… por las crecidas del Tíber.
En la ciudad de Roma se distribuían estratégicamente decenas de letrinas públicas (en el siglo IV había 144 con más de 4.000 plazas) para satisfacer las necesidades fisiológicas de los ciudadanos. Estas letrinas consistían en un banco de frío mármol con varios agujeros en los que sentarse a evacuar y bajo ellos la corriente de agua que arrastra la materia fecal. A modo de papel higiénico, en las letrinas públicas los romanos utilizaban un palo que llevaba en un extremo una esponja de mar (spongia). Y ahora que nos hacemos uno idea del habitáculo, veremos los peligros de utilizarlas…
Como no había separación entre los agujeros, tenías que compartir aquellos momentos de intimidad con desconocidos y no te digo nada si eran de los que daban conversación.
En teoría, después de usarse la spongia debía enjuagarse y limpiarse para el siguiente, y cada cierto tiempo cambiarse. Sentarse a aliviarse y comprobar que la spongia se debía haber cambiado hace tiempo…
Y la más peligrosa para la integridad física… Existía la graciosa costumbre de algunos gamberros de echar una pelota de lana ardiendo en las alcantarillas que si te pillaba con el culo en el agujero…
Y si los romanos utilizaron su arte y su talento en la canalización, distribución y uso del agua, también lo hicieron a la hora de reciclarla. En las letrinas que la alta sociedad tenían en sus casas, se reciclaba el agua usada en los termas privadas para los retretes, y en casas no tan pudientes, pero que también disponían de letrinas, estas se situaban cerca de las cocinas para reciclar el agua con la que lavaban los utensilios de cocina.
Fuentes: La Antigua Roma – Philip Matyszak, Ciencia y Tecnología en el Antiguo Mundo Romano – Álvaro Vitores Glez.
Niños
jugando con nueces, panel de un sarcófago, obra romana del siglo III
(Museo Vaticano). Haz clic en la imagen para ampliarla.
En la actualidad, los juguetes
electrónicos son los grandes dominadores en las preferencias de los
niños a la hora de divertirse. Los que somos un poquito “más mayores”
durante nuestra infancia y quizás de más mayores, para pasarlo bien,
jugueteamos con innumerables juegos que podríamos calificar como “más
tradicionales”: la pelota, los dados, la peonza…
¿Alguien se ha parado a pensar con qué se
divertían los niños hace 2.000 años? Pues con juegos a los que casi
todos hemos jugado alguna vez.
Los recién nacidos se entretenían con campanillas
en forma de animales; los niños más mayores con aros, peonzas, cometas,
carretes (usados como yo-yo)… y las niñas, jugaban a cocinitas y con muñecas de terracota o madera tallada, algunas muy sofisticadas en las que articulaban brazos y piernas. Era frecuente que tuvieran mascotas (delicium)
a las que les llegaban a tener tanto aprecio que cuando un crío moría,
se acostumbraba a representar a su mascota en el sepulcro. Cigarras y
grillos cantores eran sus preferidos, guardándolos en cajitas.
Veamos a qué jugaban, seguro que reconoceréis muchos de ellos:
Canicas (ocellates): el más popular.
Hechas con barro cocido o piedrecitas redondas en ocasiones dibujadas.
Se han encontrado incluso canicas de esa época hechas de vidrio
transparente, obtenido del sílice y cenizas. Fue tan popular que incluso
el joven Octaviano -futuro emperador César Augusto-, bajaba de su
litera para jugar con los niños de la calle.
Escultura de una niña de la antigua Roma que está jugando con las tabas.
Tabas (talus):
hueso de las patas de cordero, oveja o cabra, generalmente el astrágalo
o talón, con seis caras, de las cuales solo se cuentan cuatro, las que
son iguales. En el juego se emplean de tres a cuatro tabas. Los niños de
familias pudientes usaban en su lugar piezas de marfil o cristal,
semejantes a los huesecillos. Las reglas del juego eran similares a las
de los dados siendo la mejor tirada la venus y, la peor (cada cara diferente), canis. En ocasiones utilizaban cubiletes para evitar las trampas.
Conjunto de tabas. Haz clic en la imagen para ampliarla.
Dados (tesserae, cubi): cubitos de huesos,
marfil, madera o mármol con un número, del uno al seis, impreso en cada
lado. Se utilizaban dos o tres dados venciendo el que sacaba un seis en
todos los dados. Para tener suerte en la jugada solían invocar a una
divinidad o pronunciaban el nombre de la mujer que amaban.
El ephedrismo: que consistía en golpear
con un accesorio un objeto clavado en el suelo debiendo, el perdedor,
llevar sobre sus hombros con los ojos tapados al ganador hasta que
llegaran a una meta.
La morra: similar al de los “chinos”, debiendo adivinar cuántos dedos sacaría el contrario.
La peonza (buxus): hecha de madera de bog, tenía gran aceptación entre los niños.
El aro: de diferentes tamaños según las edades. En ocasiones con cascabeles que sonaban al rodar.
La gallina ciega, el escondite.
Otros menos populares:
Cara o cruz (caput aut navis): tiraban una
moneda al aire y elegían de que lado caería. En un lado aparecía
grabada la cabeza de “Jano” y en el otro una nave.
Pares o nones: encerrando en su puño piedrecitas o pajas.
La mosca de bronce: vendando los ojos al niño y
gritando “yo cazaré a la mosca de bronce”. El resto respondía diciendo
“tú la cazarás pero no la atraparás”. Entonces corren zumbando hasta que
es atrapado uno de ellos.
Mormolycion: equivalente a dar sustos con una máscara en la cara.
Columpio: con un carácter simbólico religioso ya que se consideraba que había sido inventado por el Dios Baco.
Micare: dos jugadores puestos de frente a
una distancia oportuna levantan la mano derecha con algunos dedos
tendidos y otros replegados mientras dicen un número; el que acierta la
cantidad de dedos desplegados entre la derecha de los contendientes es
el que gana. El número no puede ser superior a diez.
Muñeca articulada, marfil, Museo Nacional Romano (Museo Nacional de Roma).
Juegos de mesa:
Latrunculi: jugado sobre un tablero cuadrado y guijarros, similar al ajedrez o a las damas.
Ludus duodecim litterarum -tablero de tres filas y doce espacios donde se movían unas fichas según unas normas que desconocemos; la tabula; el tres en raya…
Los adultos también se divertían:
Juego de la pelota, procedente de Grecia y al que jugaban incluso los hombres más importantes como Julio César, Augusto…
Danza, música, natación tirándose al río Tíber, montar a caballo, gimnasia, caza, pesca, lucha…
Juegos de azar:
Los preferidos por los romanos. Llegaban a apostar grandes cantidades de dinero. El emperador Augusto
perdió en una sola noche 20.000 sestercios y Nerón apostaba en cada
partida 400 sestercios. Además de dinero se jugaban joyas, objetos
preciosos e incluso las túnicas de sus esclavos.
Nuestra actual “Ruleta”
de los casinos tiene su antecedente en los militares romanos. Utilizaban
las ruedas de los carros marcados con números u objetos y en otras
ocasiones usaban sus propios escudos. De esta manera se entretenían
durante los descansos tras sus largas y agotadoras jornadas, apostando
los escasos ingresos que poseían como legionarios.
Un equipo gaditano recupera el ‘garum’, el condimento más difundido hace veinte siglos
Ciudad romana de Baelo Claudia (Bolonia, Cádiz). JUAN CARLOS TORO
Sal, vísceras de pescado, salmonetes, especias como el anís, vinagre o
vino: esos eran algunos de los ingredientes conocidos de la salsa más
famosa del imperio romano, el garum.
De ella, Plinio el Viejo decía que “ningún licor ni perfume tiene mayor
precio y da tanta fama a los lugares donde se fabrica”. Y casi dos
milenios después el arqueólogo y profesor de la Universidad de Cádiz Darío Bernal
reafirma las palabras del naturalista latino: “Cádiz era de los lugares
más reputados en la producción de la salsa”. Habla con conocimiento de
causa, ya que dirige una investigación “única” que pretende volver a
producir el famoso garum gaditanum a partir de restos encontrados en el yacimiento de Baelo Claudia (Bolonia, Tarifa).
Bernal, además de ser doctor en arqueología, es especialista en el
estudio del uso de los recursos marinos en la Antigüedad. Desde hace
años capitanea un grupo de investigación “pionero” que no tiene parangón
conocido en el mundo académico y que intenta indagar cómo se alimentaba
la gente en el imperio romano. Para ello su equipo interdisciplinar
engloba a profesionales tan aparentemente dispares como arqueólogos,
historiadores, biólogos, geólogos o químicos.
Llevan años enfrascados en el estudio del garum. De hecho,
ya consiguieron investigar, reproducir y comercializar Flor de Garum, la
salsa que se producía en Pompeya. Ahora centran su mirada en el
condimento que se producía en la zona de Cádiz y los primeros resultados
son más que prometedores. El ambicioso proyecto arrancó en 2013 y ya
han excavado en las factorías de salazones del siglo V después de Cristo
de la ciudad romana, donde han logrado encontrar cubetas con restos,
hecho esencial para poder continuar adelante con el estudio.
“Nuestro fin es investigador, queremos comprender el proceso”,
explica Bernal. Por eso quieren conseguir la reproducción exacta del garum gaditanum.
Desde el verano pasado han avanzado mucho: los arqueozoólogos
determinaron a qué animales pertenecían los restos óseos descubiertos y
los geólogos qué vegetales se incorporaban como ingredientes. Los
expertos químicos analizaron en detalle los restos y ahora están
replicando el compuesto en el laboratorio. “Hemos rellenado ánforas
pequeñas con la mezcla para reproducir las condiciones y problemas que
tenían”, explica Bernal.
El consumo de garum en la era romana era tan común que la
salsa aparece como ingrediente en la mayoría de sus recetas. “Desde la
mesa del emperador a la dieta del legionario, el garum estaba
presente, aunque de distinta calidad”, apunta Bernal. Y el que se
fabricaba en Cádiz era “el más reputado”, por la excelencia del pescado y
por la experiencia en salazones “que venía desde los fenicios”. Aunque
el proceso de elaboración era similar en todas las zonas, los
ingredientes variaban. Las vísceras, espinas y piel de pescados como el
atún se mezclaban con sal, trozos de pulpo, salmonetes, vino o vinagre y
diversas especias y se dejaban en maceración tres semanas. La sal
“eliminaba el crecimiento bacteriano”; la mezcla se removía hasta que
quedaba como un puré. Esa pasta se filtraba y el elemento líquido
resultante era el garum; el residuo sólido era un paté llamado allec, que también se consumía.
En contra de lo que se pueda pensar, el sabor de la salsa no es tan
extraño a los paladares de hoy. Bernal ya lo pudo comprobar con Flor de
Garum, el resultado de su anterior investigación en Pompeya. Hoy se
comercializa y gusta al que lo prueba: “Al que consume salazones, este
producto le encanta”, matiza. Por ello, su intención es que cuando
concluya la investigación con el garum gaditanum, este producto también se lance al mercado.
Si la Gades de la Antigüedad fue conocida en todo el imperio por la calidad de su garum, la Cádiz del siglo XXI podría ser el lugar en el que se consiguió revivir una receta al cabo de dos milenios.
Taxis, taxímetros y controles de alcoholemia en la Antigua Roma
La diversidad de vehículos que circulaban por las
calles de Roma se podrían clasificar por la carga que se transportaba,
la distancia a recorrer… y de los medios disponibles, por eso los más
pobres viajaban y se trasladaban en el coche de San Fernando (un rato a
pie y otro caminando) o en el vehículo de algún conocido. Así que, nos
centraremos en los que podían permitirse un caballo o un carro.
Para recorridos cortos o por la ciudad los más adinerados se movían
en literas de tracción humana (unos cuantos esclavos) que se completaba
con otro esclavo abriendo paso entre la plebe; para trayectos medios e
incluso cortos pero urgentes, el caballo, la biga (carro ligero tirado por dos caballos más conocida por las carreras en el Circo), el essedum (parecido a la biga pero para dos pasajeros de pie) y el cisium, el taxi de la época.
El cisium era un vehículo abierto, posiblemente de origen
galo, con dos ruedas, tirado por dos caballos y espacio para dos
personas sentadas (el cisarius o taxista y el cliente) sobre un
especie de caja donde el cliente que lo alquilaba guardaba su equipaje.
Para el transporte público o de familias completas, tenían la raeda: un carro de cuatro ruedas con bancos para sentarse y espacio para el equipaje pero con limitación de carga por ley.
Carpentum
Si la caravana o ruolutte de la época era el carpentum, un
carro cerrado y con techo para viajar cómodamente en el que se podía
comer y beber para no tener que hacer paradas en las mansiones, la
limusina, algo más pequeña que el carpentum, era la carruca. El camión con el que se transportaba la carga (materiales, productos de la tierra…) era el plaustrum:
una simple tabla de madera sin lados con dos o cuatro ruedas y
normalmente tirado por bueyes. Y para terminar con los vehículos más
populares de Roma, la arcera destinada al traslado de enfermos y
heridos. Tanto la arcera como el carpentum y la carruca tenían una
particularidad que los distinguía del resto de carros, y que los hacía
más cómodos, una especie de suspensión con correas de cuero. Cuentamillasromanas
Esta palabreja es sólo una licencia que me permito para denominar al
cuentakilómetros que tenían los romanos para medir las distancias. Ellos
lo llamaron odómetro. Una milla romana convertida a nuestro sistema métrico decimal seriá, más o menos, casi un kilómetro y medio.
Aunque parece que la invención del aparato en cuestión fue cosa de
Arquímedes, la descripción más precisa de su funcionamiento la hace
Vitruvio en De Architectura (libro VII) en el siglo I a.C. El
odómetro era un sistema de engranajes con una rueda dentada de un
diámetro de 4 pies -un pie, unos 30 cm- y 400 dientes conectada a la
rueda. Una vuelta completa de esta rueda suponía haber recorrido una
milla y un guijarro (cálculo) caía en una caja. Al final del trayecto
sólo había que sumar los cálculos para saber las millas recorridas.
También se intentó adaptar este sistema a los barcos con unas ruedas con
palas pero el vaivén y el bamboleo de las embarcaciones hacía que el
sistema no fuese muy preciso. Lo que está claro es que el odómetro era
una herramienta fundamental en el trabajo del taxista de la época. Alcoholímetro
Desde los orígenes de Roma, las mujeres tenían prohibido beber vino y
la obligación de besar al marido. Ambas, prohibición y obligación,
estaban directamente relacionadas y tenían que ver con el ius osculi, el alcoholímetro de la época.
Por medio del ius osculi (derecho al beso), el marido besaba en la boca
a su esposa para comprobar si había bebido vino. Excepto el supuesto de
que el vino consumido fuese prescrito por un médico, porque el vino
también se utilizaba con fines medicinales, el castigo que recibiría la
esposa que hubiese dado positivo era una paliza, el repudio e
incluso la muerte. Este último caso lo cita el historiador Valerio
Máximo (siglo I) cuando relata la historia de un tal Mecenio que mató a
palos a su mujer por beber vino. Fue un caso sonado en la sociedad
romana de la época, pero no por haberla matado, a lo que tenía derecho,
sino por el método utilizado. Según Plinio el Viejo, las mujeres
condenadas por este tipo de “delito”, equiparable al de adulterio,
debían ser encerradas en una habitación de la casa y dejarlas morir por
inanición, tal y como se hizo con la esposa que robó a su marido las
llaves de la bodega donde guardaba el vino. Aún así, como sólo se
equivocó en la forma (¿?), su caso fue, como diríamos hoy, sobreseído.
La esposa acusada podía pedir el “contranálisis” que, lamentablemente
para ella, corría a cargo de los parientes de la parte acusadora. La
esposa debía echar el aliento a los familiares del marido que,
seguramente, confirmarían su positivo. Retomando la historia Mecenio, el
comentario de Valerio Máximo de esta historia “justificaba” el porqué
de castigar este delito:
Cualquier mujer que esté ávida de vino cierra la puerta a la virtud y la abre a todos los vicios.
Con el paso del tiempo esta prohibición se fue relajando y las mujeres pudieron disfrutar de los placeres de Baco.
Interior de la Villa Imperial de Pompeya - ABC Fuente: ABC.es| Fotos| 4 de mayo de 2016 Pompeya continua asombrando. Por primera vez se ha abierto al público la Villa Imperial,
lujosa residencia construida en el siglo I d.C., con vista sobre el
golfo de Nápoles. De grandes dimensiones, esta villa conserva uno de los mayores y más bellos ejemplos de pintura pompeyana.
En la residencia se refleja el lujo en el que vivía una familia rica en
su ambiente y con los objetos de la vida cotidiana: braseros y lámparas
de bronce, platos de cerámica...
En sus salas se ha reconstruido un triclinio, el comedor con
extraordinarios frescos, con muebles y diversos objetos. En sus salones
la vida transcurría entre el ocio y los encuentros diarios que el
propietario de la residencia tenía con sus clientes y empleados que
venían desde el campo a rendir pleitesía al patrón. Esta Villa Imperial
constituye un modelo de la reconstrucción que se está haciendo en Pompeya, donde se pueden admirar sugestivas residencias con ambientes domésticos de la vida cotidiana de la ciudad romana destruida por la erupción del Vesubio en el 79 d.C. En esta Pompeya mágica, que sigue abriendo nuevos espacios, renace el Antiquarium:
Un espacio dedicado a museo que se había cerrado en el 1980 por los
daños causados por un terremoto. Reabre después de 36 años con una gran
exposición titulada«Por gracia recibida. La devociónreligiosa antigua y moderna en Pompeya».
Desde tiempo inmemorial, las ofrendas de los fieles a Dios y a los
santos por haberles escuchado en sus peticiones y oraciones eran
acompañadas con una fórmula: “Por gracia recibida”. La
exposición profundiza en esta relación íntima y personal del hombre con
lo trascendente, que se perpetúa a través de los siglos, desde el mundo
antiguo pagano hasta nuestros días con la tradición cristiana. «Ex voto suscepto» («según promesa hecha»)
era la antigua fórmula latina para expresar la gratitud a las
divinidades paganas. La oración y agradecimiento a menudo se acompañaba
de un voto: Una promesa para obtener una determinada gracia (salud,
protección, bienestar para las personas queridas).
Exvotos en los templos
Hoy seguimos viendo en iglesias y santuarios exvotos colgados en los
muros o capillas de los templos: Ofrendas o dones, como una muleta,
figuras de cera, cuadros, etc., que los fieles dedican a Dios, a la
Virgen o a un santo como recuerdo de un milagro o beneficio recibido por
el fiel o un pariente.
Ahora, por primera vez en una exposición, se muestran las ofrendas y
rituales que los romanos de Pompeya donaban a las divinidades paganas y
se comparan con los dones que los cristianos, todavía hoy, ofrecen al
Santuario de la Virgen del Rosario, el principal lugar de culto católico
de Pompeya. Se puede comprobar el gran paralelismo que, cambiando la
época y las religiones, se perpetúa en un ritual y muestras de ofrendas
votivas idénticas en las formas. Estatuillas, quemadores de incienso y bustos eran algunos de los dones a Marte, Apolo, Minerva y a Venus, ésta última diosa protectora por antonomasia de Pompeya y de los pompeyanos. Incluso Nerón y PopeaSabina, su segunda mujer, le enviaron ofrenda «Ex voto suscepto».
El primero envió una lámpara de oro que pesaba unos tres kilos,
mientras Popea mandó un collar enriquecido con una esmeralda y una
perla.
En definitiva, la exposición «Por gracia recibida» permite
hacer un extraordinario recorrido en la relación del hombre y lo divino,
entre el mundo antiguo pagano y el cristiano, en una sorprendente
continuidad de expresión en el respeto de la profunda diversidad de la
dos religiones.
Así era la vida que mataba a los antiguos romanos a los 30 años
Publicado: 29 may 2016 03:32 GMT
El examen de 2.000 esqueletos de los
habitantes más pobres de la Ciudad Eterna ha mostrado que los antiguos
romanos llevaban una vida muy dura que compensaban con profundos
conocimientos en traumatología.
En
la Antigua Roma no todo era esplendor. Los integrantes de las capas
sociales más bajas de la Ciudad Eterna sufrían a menudo de artritis,
fracturas de huesos y morían de media a los 30 años después de pasarse
casi toda la vida trabajando duramente y alimentándose a base de
cereales en mal estado. Esta otra cara de Roma la
desveló un equipo interdisciplinario italiano que examinó 2.000
esqueletos exhumados de los cementerios de los barrios
periféricos urbanos durante 15 años de excavaciones.
Además de
las fracturas de huesos (narices, falanges de los dedos y vértebras
cervicales), muy frecuentes entre los romanos de la clase obrera, se han
descubierto numerosos esqueletos de personas que murieron a causa de
cáncer óseo. También era habitual la artritis crónica en los hombros,
las rodillas y la espalda; las huellas de esta enfermedad se han
detectado en esqueletos de personas jóvenes, de veinte años, dijo al
periódico 'The Local' la historiadora de la medicina Valentina Gazzaniga.
Un análisis
forense realizado con el equipo más moderno demostró que los pobladores
de Roma eran expertos en el trato de huesos rotos, ya que después de
sufrir una fractura, incluso si era grave, los trabajadores romanos
volvían a su agotadora actividad y seguían trabajando varios años más.
Aunque no muchos, ya que la esperanza de vida media en la Antigua Roma
era de tan solo 30 años.
De los 2.000 esqueletos examinados solo ocho pertenecían a
personas llegadas de África del Norte o de los Alpes. Pero todas habían
sido enterradas en tumbas sencillas, lo que indica que pertenecían a las
clases bajas de la sociedad.
Un estudio similar practicado el año pasado a esqueletos de los habitantes ricos de Pompeya dejó
claro que pertenecer a un estrato social u otro era determinante para
el estado de salud de una persona. Los nobles pompeyanos evitaban los
trabajos difíciles y su alimentación exquisita y variada les permitió conservar el cuerpo en buena condición durante muchos años... hasta que los sepultó la ceniza del Vesubio.
En el Imperio romano había diferentes clases sociales, y
cada una de ellas tenía unos derechos diferentes. La mayoría de los
ciudadanos eran libres, por lo que gozaban de la ciudadanía por lo que
no pagaban impuestos, tenían derechos políticos y estaban protegidos por
las leyes romanas. Pero dentro de estas personas libres había también
diferencias. Unos pocos tenían riquezas, eran los llamados Patricios, que
eran personas pertenecientes a la nobleza, entre los que encontramos a
los senadores, altos cargos del imperio u hombres enriquecidos. Estos
eran la minoría de la población, y contaban con todos los derechos
políticos y muchos recursos económicos. Pero la mayoría de la población
eran Plebeyos, que aunque poseían ciertos derechos, no
tenían tantos como los Patricios. Por otro lado encontramos a las
personas no libres, los esclavos, que no eran considerados personas, se
podían comprar y vender como mercancía y no tenían ningún derecho.
LUDUS GLADIATORIUS: Escuela y hogar de gladiadores
Cabe destacar que los gladiadores no todos eran esclavos. De hecho,
hubo hasta emperadores que bajaron a la arena a luchar. Así pues, el
origen de los luchadores era muy variado… Desde hombres libres en busca
de gloria y fama hasta los esclavos y prisioneros que podrían llegar a
conseguir la libertad. Y debido a la gran variedad de estilos de lucha
existente, y a lo variopinto del origen de los gladiadores en sí mismos,
se crearon las escuelas de gladiadores, los Ludus gladiatorius, de esta forma se lograban espectáculos dignos a los ciudadanos romanos.
Reproducción de un ludus gladiatorius hallado en Austria.
Los gladiadores comían, se entrenaban y vivían en el ludus;
prácticamente era su casa ahí entrenaban, dormían, comían. A los dueños
se les llamaba: “lanistas”, en la mayoría de las veces el lanista también vivía en el ludus pero rodeado de comodidades.
Muchos gladiadores retirados de la arena pasaban a ser profesores en el ludus. Eran los Magistri. Otros, los más acaudalados, pasaban a ser los dueños del ludus, estos últimos son los lanistas
Un lanista, además de entrenador, era un empresario que tenía siempre
disponibles hombres adiestrados. El lanista reclutaba a los
gladiadores, los formaba y los ponía a disposición del editor. A la hora
de cerrar el trato cabían dos posibilidades: o bien la compra directa,
que era los más simple o bien un contrato de alquiler-venta. Este último
consistía en que el editor pagaba una suma por el alquiler de los
gladiadores supervivientes y pagaba el precio de venta por los que
morían en el Coliseo.
Dada la necesidad creciente de gladiadores que tenía el estado, el
emperador se convirtió en el mayor empresario y entrenador, creando
varias escuelas para ello. Tal fue la presencia del estado en el negocio
de los lanistas que este oficio casi desapareció, quedando unos pocos
en la periferia del imperio.
En la ciudad de Roma hubo cuatro escuelas de gladiadores, dos de
ellas cerca del mismo Coliseo. Los emperadores solían contar, para los
espectáculos de Roma con auténtico ejercito de combatientes, reclutados
de entre los prisioneros y también, por los condenados a muerte. El
lanista, tras observar las características de la gente les daba una
especialidad: los “samnitas” peleaban con escudo y espada; los
“retiarius” con red y tridente, los “mirmillos” llevaban un casco en
forma de pez… De entre todas las escuelas, la más famosa fue la de
Capua, en el sur de Italia.
Escena de Espartaco. El entrenador (magistri), a la derecha, enseña dónde golpear para matar o solo herir.
Otro aspecto a tener en cuenta. La vida del gladiador no era tan
corta como nos hacen creer en el cine y televisión. La inversión en un
solo gladiador era altísima, así que no convenía a nadie que este
muriera cuando perdiera un combate. Por ello, aunque eran espectáculos
llenos de sangre y violencia, los gladiadores muertos en la arena no era
alto. Se les indultaba la vida más a menudo de lo que se piensa. TIPOS DE GLADIADORES Y SU ARMAMENTO
Llegaron a haber doce tipos distintos de gladiadores
Los SAMNITAS tomaban su nombre de un
armamento especial tomado del pueblo homónimo. Se decía que los
campanianos, después de la victoria alcanzada por el dictador Papirio
Cursor sobre los samnitas en el año 44 de Roma, adoptaron para sus
gladiadores el equipo militar de sus vencidos que se componía de un gran
escudo oblongo, un casco con visera, cresta y cimera de plumas, una
ócrea, (greba) en la pierna izquierda, una especie de brazal de cuero o
metal que cubría en parte el hombro en el brazo derecho y una espada
corta. Fue el primer tipo de gladiador en aparecer.
Los MURMILLOS o murmillones se distinguían
por su casco de bordes amplios con una alta cresta, que les daba
aspecto de pez. Llevaban túnica corta, cinturón ancho, armadura en su
pierna izquierda y en su brazo derecho y el clásico escudo rectangular
curvado del legionario romano. Su arma era la espada corta y recta del
legionario o gladio, de donde los gladiadores toman su nombre. Se
cree que el estilo de su vestimenta y armas deriva de los guerreros
galos. En ocasiones luchaban con armadura completa, convirtiéndose en un
formidable oponente.
Los gladiadores TRACIOS contaban con un
pequeño escudo rectangular o “parmula” (de aprox. 60 x 65 cm) y una
espada muy corta con hoja ligeramente curva o “sica”, con el objeto de
atacar la espalda desarmada de su oponente. Su indumentaria incluía
armadura en ambas piernas, necesarias dado lo reducido de su escudo,
protector para el hombro y brazo de la espada, túnica corta con cinturón
ancho y casco con pluma lateral, visera y cresta alta. Derivado del
guerrero griego de Tracia, como su nombre lo indica.
En tiempo del Imperio romano estaban muy en boga los gladiadores llamados SECUTORES que iban armados de casco, escudo y espada, derivación de los mirmillonespara combate con los reciarios. Sus armas eran iguales a las de los mirmillones,
con excepción del casco, que era completamente liso y con pequeños
agujeros para los ojos, para evitar ser atrapados en la red de los reciarios.
Los RECIARIO combatían con los secutoresy
vestían túnica corta o faldilla con cinturón y llevaban el brazo
izquierdo cubierto con una manga, iban con la cabeza descubierta y
armados de una red, un tridente (fuscina) y un puñal. La habilidad del reciario
consistía en lanzar la red para cubrir a su oponente por la cabeza,
inmovilizarle y clavarle el tridente a través de la misma. El puñal se
utilizaba para matar a su adversario o para deshacerse de la red,
cortando la línea que la sujetaba a su muñeca. Los reciarios excepcionalmente combatían contra los mirmillones que iban armados y combatían del mismo modo que los secutores.
Los LAQUERAII eran unos gladiadores que
aparecieron en los últimos tiempos del Imperio y que iban escasamente
armados. Su característica era el uso del lazo, con técnica similar a
los reciarios.
Los HOPLOMAHUS llevaban armadura completa,
compuesta de casco con visera, coraza y ócreas. Armados con una lanza y
un escudo circular, a semejanza del que usaba la infantería griega: los
hoplitas.
Los gladiadores que combatían a caballo (EQUITES) llevaban un casco con visera cerrada, los brazos envueltos en correas, por arma ofensiva tenían el spiculum (lanza parecida al pilum, pero más moderna) y por arma defensiva la parma.
Los que combatían sobre carros (ESSEDARIUS) querían imitar las hábiles maniobras de los guerreros bretones, modo de combatir que fue introducido en Roma por César.
Los ANDABATAE eran aquellos forzados a
combatir y que llevaban un casco sin agujeros en la visera. Se trataba
de condenados a muerte en la arena, y se les ponía un casco sin
aberturas para que quedaran ciegos y, así, sin adiestramiento alguno, se
les enviaba a la arena, donde el resultado era siempre el esperado: la
muerte del condenado. Servían de diversión cómica
al público presente. Al parecer, ver luchar a un invidente, rodeado de
gente que lo quería matar, era graciosísimo; no comparto ese humor, pero
¿quién soy yo para cuestionar el sentido de humor imperial?
Los DIMACHAERUS luchaban con dos espadas y
grebas que protegían ambas piernas, cinturón ancho y protección en los
brazos. A este tipo pertenecía al parecer Espartaco.
Los PROVOCATORES que solían abrir las tardes
de los espectáculos de combate en los anfiteatros. Combatían con
espada, escudo, casco con dos viseras pero sin ala para no ser
enganchados por las redes de los reciarios, con los que frecuentemente luchaban y un protector en el pecho (cardiophilax).
En la próxima entrada, el anfiteatro, el coliseo y las reglas de combate entre gladiadores el
anfiteatro, el coliseo y las reglas de combate entre gladiadores,
donde, a pesar de lo que aparece en el cine y en la literatura actual,
había reglas muy estrictas y árbitros, los summa rudis
Origen de los gladiadores
El término hace referencia a la espada, gladio. Así pues, un
gladiador se podría traducir como “El que porta la espada”, el
combatiente.
Se remonta su origen a la civilización etrusca. Los etruscos fueron
un pueblo asentado en la Toscana, conformado como federación de 12
ciudades unidos exclusivamente por lazos religiosos. Área de influencia de la civilización etrusca
Y centrándonos en su religión, aunque sin ahondar en el tema, es del
tipo de revelación, y está plasmada en una serie de libros sagrados,
los cuales tienen temas tales como la interpretación de los rayos, la
adivinación, la rectitud del estado y de los individuos y hasta un
análogo del Libro de los Muertos egipcio. Los dioses más importantes, que guardan relación con los griegos, son Tinia (Zeus), Uni (Hera) y Menrfa (Atenea).
Los etruscos creían en la vida de ultratumba, de ahí las manifestaciones de gran importancia en los lugares de enterramiento.
Es importante destacar que lo sagrado intervino ininterrumpidamente
en sus vidas y su presencia agobiaba sus espíritus y corazones, aunque
un modo de paliar o atenuar esto fue una moral que resultaba «licenciosa» a los griegos y romanos. Es casi con seguridad que de los etruscos tomaron los romanos la noción de circo, ya
no para representaciones teatrales sino para luchas entre gladiadores:
en efecto, entre los etruscos estas luchas solían formar parte de
sacrificios fúnebres a sujetos de la élite, o una «diversión» realizada con los prisioneros de guerra.
Y es aquí donde está el origen de los gladiadores:
En las pompas fúnebres de los personajes ilustres, en torno al S. VI a.
C. es probable que se encontrase alguna relación con la costumbre de
inmolar los prisioneros en la tumba del héroe muerto en la guerra,
practicada por algunos pueblos primitivos.
Constituían una parte de los juegos fúnebres de los etruscos y
parecen referirse al culto de Saturno, lo cual indica que en un
principio se celebraban durante las Saturnales. Dichos combates se
introdujeron en Roma hacia el S. III a. C. Como no siempre había
prisioneros que combatieran mientras el cadáver se quemaba en la pira,
pues tal era el momento en que se producía el duelo gladiatorio, en que
la sangre que se vertía era como un holocausto ofrecido al difunto, no
faltaban hombres temerarios que se prestaban libremente a combatir.
Tales fueron los primeros gladiadores. Los primeros gladiadores romanos.
Según los historiadores romanos Tito Livio y Valerio Máximo, fueron
los hermanos Marco Junio Pera y Décimo Junio Pera, aristócratas romanos
de raíces etruscas, los primeros en organizar en Roma unos juegos de
gladiadores (munus gladiatorum) en el año 264 a. C. con motivo de los
funerales de su padre, Junio Bruto Pera, descendiente de uno de los
fundadores de Roma. Tuvieron lugar en el Foro Boario.
Por entonces o eran hombres libres que luchaban a sueldo o eran esclavos o ladrones los que debían participar.
Tal fue el éxito de esta modalidad de honrar a los muertos que pronto
se extendió por toda la sociedad romana como forma de honras fúnebres,
de tal forma que no se era nadie si no se era capaz de promover una
buena lucha de gladiadores. De ahí, se pasó a ser un espectáculo
público, pagado por los emperadores para entretenimiento del pueblo. Era
la diversión más popular del imperio romano.
En la próxima entrada seguiré con Escuelas de gladiadores, su panoplia y las distintas clases de gladiadores
Continuando con el tema de los gladiadores, iniciado en las entrada Primera y Segunda, toca el turno a hablar de los combates en sí mismo, dónde se celebraban y las reglas estrictas que los regían. EL ANFITEATRO: El lugar de los combates.
Todo deporte moderno se practica en su propio tipo de estadio.
Necesita de un lugar específico para su desarrollo correcto y están
diseñados además para que el público disfrute del espectáculo sin
importar dónde esté situado. Pues todas las ideas modernas de
construcción de estadios tienen su origen, sin lugar a dudas, en los
antiguos anfiteatros; eran los lugares donde se practicaba el deporte de
masas de moda en la época: la lucha de gladiadores y las naumaquias
(combates navales en el propio anfiteatro). Además tenían capacidad para
una gran cantidad de espectadores, así como la infraestructura
necesaria para que el espectáculo fuera ágil y ameno… lugares para los
“actores” (gladiadores), espacio para fieras, (algunas luchas de
gladiadores eran contra fieras), trampillas de salida, etc. También
estaban dotados para los músicos, pues eran espectáculos amenizados con
música. Todo un lujo. Y sí, puse “deporte” porque los romanos lo veían
así, como un deporte de riesgo.
Los anfiteatros eran unos edificios de planta redonda u oval (los hay
de las dos formas). En la parte central está la arena, la zona de
combate, con las gradas alrededor para el público. Los servicios propios
del anfiteatro solía estar bajo la arena.
Anfiteatros los había por todo el imperio, pero el que a todos se nos
viene a la cabeza era el ANFITEATRO FLAVIO, más conocido como COLISEO.
Este gigantesco edificio tenía un aforo de 50.000 personas. Asistir a
los juegos de gladiadores era gratuito, pero no por ello se podía
sentar cualquiera en cualquier sitio. Las gradas (cávea) estaban
divididas en cuatro secciones (descritas de izquierda a derecha):
En el podium, el primero de ellos, se
sentaban los romanos más ilustres: senadores, magistrados,
sacerdotes. En ambos extremos del eje menor había sendos palcos: la
tribuna imperial (pulvinar) y otra reservada
para el magistrado que en ocasiones presidía los juegos. Dado que este
piso era el más próximo a las fieras, había una red metálica de
protección y arqueros apostados regularmente.
El maenianum primum, para los aristócratas que no pertenecían al senado,
El maenianum secundum, dividido en el imumpara los ciudadanos ricos y el summumpara los pobres.
En lo más alto estaba el maenianum summum in ligneis, hecho de madera, probablemente sin asientos y reservado para mujeres pobres.
El espectáculo se desarrollaba en la arena y bajo ella estaba el
hipogeo, un laberinto de túneles, mazmorras, jaulas, habitáculos para
los gladiadores y todo lo necesario para que todo saliera a la
perfección. Este hipogeo contaba con montacargas y trampillas para la
salida de los protagonistas hacia la arena.
Además contaba de lugar para los músicos, pues como dije, estaba amenizado con música.
Contaba además el Coliseo con un “velario”: una cubierta de tela
desplegable accionada mediante poleas para evitar el molesto sol. Esta
cubierta, hecha primero con tela de vela y luego sustituida por
lino (más ligero), se apoyaba en un entramado de cuerdas del que poco se
sabe. Cada sector de tela podía moverse por separado de los de
alrededor.
En fin, todo un lujo, para un espectáculo de primera. EL COMBATE: Las reglas del juego
A pesar de la imagen caótica que nos ofrece el cine en los últimos
tiempos, un combate de gladiadores se parecería más a lo que aparece en
la película Espartaco, (1960) dirigida por Stanley Kubrick.
En las escuelas de gladiadores se les sometía a un durísimo
entrenamiento diario con una dieta a base de legumbres, lo cual hacía
que los gladiadores fueran unos hombres muy musculosos y fuertes. No es
de extrañar que todas las mujeres de Roma quisieran sexo con estos
combatientes.
Una vez entrenados ya estaba todo listo para el combate. Se comenzaba
anunciándolo con varios días de antelación, bien con carteles como con
programas de mano, donde constaba todo lo necesario: cuándo se
celebraban, quién era el editor (lo cual era importante, dependiendo de
quién fuera, podía ser de mayor o menor calidad), etc.
El día anterior se les ofrecía la cena libera:
una cena con orgía en la que podían hacer lo que quisieran, pues muchos
sabían que sería la última cena. Tras la cena, y previo al combate, la
oración a Némesis, la diosa de la fortuna y la venganza.
Se inicia el ritual: los gladiadores salen a la arena y hacen un
calentamiento: un simulacro de lucha con armas de madera o romas. Tras
el calentamiento, suena un cuerno, la hora de la verdad ha llegado. Los
lanistas seleccionan a las parejas de gladiadores que deben actuar y
delimitan el terreno para cada combate señalándolo en el suelo de arena
con un bastón. Y para cada combate se nombra a un árbitro, el suma rudis. .
Este árbitro atendía a que la lucha fuera honorable, evitándose el
salvajismo y promocionando el juego limpio, de tal forma que si a uno de
los combatientes se le caía accidentalmente el escudo, se paraba el
combate para que este lo recogiera. Vigilaba que se usaran las armas
adecuadas para cada tipo de arte gladiador.
Cuando uno de los combatientes perdía el combate, tiraba el escudo al
suelo y levantaba la mano. Esto era verificado por el suma rudis. En
ese momento se pedía clemencia al público quien dictaminaba si vivía o
moría el gladiador vencido. Si no había clemencia, la muerte era
administrada de forma rápida, dependiendo del arma portada por el
vencedor. El perdedor no oponía resistencia, teniendo así una muerte
digna.
En caso de que el público si tuviera clemencia con el vencido, el
ganador tiraba el arma al suelo. Y todo bajo la mirada atenta del
árbitro, naturalmente.
Los malheridos se les remataba en la arena para que no sufrieran, mediante un golpe mortal en la cabeza, dado por un verdugo. Los gladiadores que morían en la arena eran arrastrados al espoliariopor
los esclavos que estaban al servicio del anfiteatro los cuales se
valían de un garfio de hierro y los sacaban por la puerta llamada de la
Muerte. Dicha puerta conducía al Spoliarium,
dependencia del anfiteatro destinada a depositar los cadáveres para
despojarlos de sus armas y vestiduras, acto que determina bien el
concepto de expoliar de donde proviene la palabra. Tras el combate, el vencedor se
llevaba una palma y, en ocasiones, premios en metálico, de tal forma que
un gladiador podía llegar a ser MUY rico.
Al final de una larga carrera victoriosa el luchador podía ser
liberado si se le premiaba con una rudis, espada de madera, símbolo de
la libertad para los gladiadores.
Dato curioso: solo el 10% de los gladiadores murieron en combate en
la arena. A consecuencia de sus heridas morirían otros tantos. GLADIADORES FAMOSOS Cornelius Átticus: Este gladiador era un
atleta que vivió y posiblemente murió en la ciudad romana de Pollentia
(Alcúdia-Mallorca) en el siglo I d.C. Muy conocido por participar en
pruebas de atletismo, dicen que también se prestaría en los juegos de
gladiadores. En el Museo Arqueológico Local se encuentra un casco y un
antebrazo de gladiador muy bien conservado. Cornelius Scipion “Africanus”: El primer
gladiador conocido de la historia. En el 206 a.C participó en los
primeros juegos de gladiadores en honor a su difunto padre. Espartacus: Famoso por haber acaudillado una
rebelión de esclavos contra el poderío de Roma. Dicen que era un
príncipe tracio y que vivió hacia el 90 y 71 a.C. Este soldado de las
tropas auxiliares romanas de Tracia llegó a desertar y huyó buscando su
libertad. Fue hallado y hecho prisionero. Gracias a su preparación
física fue enviado con los gladiadores de Capúa. En la escuela de
gladiadores de Capúa, Espartaco empezó a revolucionar a todos por sus
ideologías en contra de los Gracos y por la pérdida de los poderes del
pueblo más llano. Sus continuas revueltas le llevaron con el tiempo a
Roma.
Volvió al ejército y llegó a organizar un ejército de 40.000 hombres
junto a los cónsules enviados por Roma, Léntulo y Publícola. Luchó con
valentía por la libertad y la justicia. Espartaco fue preparado en
Capua- lugar donde llegó tras ser hecho prisionero y en que entró en su
escuela de gladiadores- y fue el motivador de la famosa rebelión de los
esclavos contra Roma. Capua se hizo famosa por albergar los juegos más
sangrientos realizados por su escuela de gladiadores. Espartaco murió
en el combate contra las tropas de Marco Licinio Craso y 6.000 de sus
soldados fueron crucificados a lo largo de la Vía Apia. Diocles, “El Hispano”: Llegó a vencer en 1462 carreras y en ganar una gran fortuna en épocas de Trajano y Adriano durante el I siglo d.C. León “El Africano”: Este gladiador provenía del norte de Africa. Marco Valerio “Hispánico”: Ex general
romano. Su historia se dió a conocer gracias a la película que
protagonizó Russell Crowe en “Gladiator” con el nombre de Maximus
Decimus Meridius “El Hispano”- nacido en Mérida (Extremadura). El
auténtico vivió a finales del siglo II d.C (Año 180) y fue muy conocido
en su época, sobre todo cuando el espectáculo de los gladiadores iba a
menos y otra causa fue que el Imperio Romano era ya prácticamente
cristiano